missfolly:

Madonna, Truth or Dare promo
Steve Meisel 1991
  • No confío en las personas que nunca dejan de sonreír.

    Cada vez que pienso en ello, (re)aparece en mí la imagen del actor: un comediante, para ser precisos. Como si se tratase de un personaje bien definido, delimitado e interiorizado, la sonrisa permanente ex-presa la cruel simulación de una alegría diseñada, ensayada y puesta en escena. La instrumentación (im)personal de una política del secreto (y del simulacro) llevada al extremo, pues no sólo se oculta la realidad, sino que es sustituida por una imagen no real.

    El miedo a los payasos es, realmente, miedo a lo que está oculto en el personaje. La imposibilidad de re-conocer al otro bajo el maquillaje y la ropa extravagantes generan temor debido a la asociación que existe entre lo malo y el secreto, lo que está oculto. El actor utiliza al personaje para esconder su verdadero ser. Esto le permite, en ocasiones, humillar a un niño para hacer reír a los demás (o humillarse él mismo). Es decir, hacer lo necesario para agradar a los otros.

    El mal está oculto. Lo malo se mantiene lejos del exterior: oscuro, secreto, privado. En el mismo sentido, la asociación común entre la oscuridad y el peligro. Ocultar un libro, oscurecer un texto y manipular una fotografía son procesos con una intención en común: mantener en secreto aquello que, de ser revelado, representaría un riesgo. El actor y el payaso se mantienen ocultos porque su trabajo depende de ello. Su trabajo consiste en agradar a los otros y si revelaran (por completo) su verdadero ser, el espectáculo sería un fracaso. 

    Es necesario aclarar que, al escribir sobre la relación entre el mal y lo que está oculto, no afirmo que todo lo que se oculta es malo. Lo que intento, es mostrar la existencia de dicha asociación dentro de la percepción social.

    Dicho esto, insisto: desconfío de las personas que van por la vida sonriendo como imbéciles ¿Miedo? Probablemente sí; o desprecio, ambos pueden nacer de la desconfianza ¿Qué tanto (nos) oculta alguien que sonríe permanentemente? ¿Por qué se esfuerza tanto en agradar(nos)?

    Las posibilidades son infinitas. También existe, por supuesto, la posibilidad de que esté tan amargado que decidí escribir un texto en contra de los que siempre sonríen. Sin embargo, prefiero la mirada indiferente, el rostro inexpresivo o el ceño fruncido. Por lo menos, los secretos del tipo con la mirada perdida no deben ser tan malos como para obligarlo a sonreír.

    Francisco Morales

  • (Source: lenalightowl)